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México: Después de esta especie de guerra

Por Luis Petersen Farah para Milenio de México. *

Si esta es una especie de guerra, ya deberíamos estar pensando en una especie de reconstrucción. Al menos es lo que se alcanza a ver desde el noreste del país, donde estoy: la violencia avanza y con ella las cifras de muertos y heridos, delincuentes o inocentes; pero el delito no baja, más bien aumenta y se transforma. Todo indica que, por el desmembramiento de los grupos en conflicto, pasamos de una delincuencia organizada a una delincuencia generalizada.

La reconstrucción necesaria es de instituciones, no de puentes y edificios (en todo caso, de fachadas de corporaciones policiacas, muchas de las cuales han quedado como coladeras por balas y granadazos). De veras: uno se pregunta quién va a poner la bandera civilizatoria después del desastre social que dio lugar a esta guerra y que se profundiza con ella. Quién y cómo.

Quién, pues hay en esto una crisis de liderazgo político, empresarial, académico, ciudadano y lo que le sumen, cada cual por razones distintas. Hasta un cierto liderazgo moral y religioso que ejercían los Legionarios de Cristo en esta zona se hundió, también por sus propias razones. El hecho es que Monterrey, acostumbrado sin chistar a ser liderado por un grupo que ya no ejerce, experimenta reales dificultades para reaccionar y participar.

¿Y cómo? La tarea supera a cualquiera aislado. Las áreas de reconstrucción institucional más urgente son, obviamente, las de seguridad y justicia, particularmente las policías y los Ministerios Públicos. No hay un ápice de exageración cuando escuchamos que en Monterrey y su zona metropolitana no hay policía. No hay un ápice de exageración cuando escuchamos que el oficio más seguro es la delincuencia. Los índices de detención y castigo del delito común son vergonzosos. Puede ser discutible la afirmación de que si “prendió” la delincuencia es porque ya había una crisis de instituciones. Lo que no es discutible es que, a estas alturas, rehacer lo que había es demasiado poco.

No sé qué tenga que pasar todavía para que nos demos cuenta de que no es sólo “limpiar”, subir un poco los sueldos y capacitar un tanto. El salto, si se espera algún resultado, tiene que ser enorme. Y compartido. Fuera de visiones publicistas, es clave que la profesión de policía se convierta en una de las más respetadas, por su capacidad de respuesta, su capacitación, su nivel y su modo de vida ejemplares, su sabiduría. Igual los MP: que dejen de ser el “peor es nada” de los egresados de las escuelas de leyes. Es muy caro, sí. Aunque no creo que más caro que todo lo que está pasando.

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