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Guatemala: El ejército, de paria a salvador

Por Rogelio Núñez para Infolatam. El ejército de Guatemala ha pasado en 15 años de ser considerado culpable de todas las violaciones de los derechos humanos cometidas durante la guerra civil (1960-1996) a salvador del país en la lucha contra los cárteles del narcotráfico.

Culpado incluso de cometer un “genocidio”, se acometió entre 1996 y 2004 una drástica reducción de efectivos y presupuesto que ha dejado a las fuerzas armadas en un estado de gran debilidad que ha sido aprovechado por los cárteles para copar el Estado, en palabras del propio presidente Álvaro Colom. Ahora, el gobierno no solo se ha visto en la necesidad de recurrir a las fuerzas armadas, sino que existe un plan para ampliar sus efectivos ante la crisis de gobernabilidad por la que atraviesa el país.

Por esa razón, el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, decretó hace un mes el ”estado de sitio” en Alta Verapaz que debía concluir originalmente el pasado miércoles, pero que fue prorrogado por un mes más. Lo hiz basándose en que “el crimen organizado no nos está infiltrando; me duele decir que el crimen organizado, particularmente el narcotráfico, nos tiene copados a toda la región (de Centroamérica)…Estamos copados. Y los esfuerzos de cada país no son suficientes para afrontarlos; solo la incautación de armamento que hicimos en Alta Verapaz (por el estado de sitio) es más armamento que algunas brigadas del ejército”.

¿Un estado fallido?

Algunos analistas incluso hablan de cuasi ”Estado fallido” en Guatemala: la dirigente política Nineth Montenegro lo califica como “Estado en franca descomposición” y el experto en temas militares Mario Mérida asegura que no es “estado no fallido, pero sobre él existen serias amenazas a su gobernabilidad… Guatemala ha estado, en los últimos ocho años en el umbral del Estado fallido, con una justicia que no funciona el 100 por ciento y con muchos problemas sociales `por lo que no se puede dar el lujo de asignar demasiados recursos a la lucha contra el narcotráfico”.

Colom ha anunciado asimismo que los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala crearán “fuerzas combinadas especiales” para enfrentar a las organizaciones del narcotráfico mexicanas, contando con el apoyo coordinado del Ejército de México.

La idea, dijo el mandatario al diario mexicano El Universal, es crear un frente común conjunto para combatir a los cárteles mexicanos, con fuerte presencia en Centroamérica, y retomar el control de espacios dominados por estas organizaciones criminales para el trasiego de drogas: “el crimen organizado es global y regional. Se dice mucho que Los Zetas son mexicanos, pero también es cierto que hemos capturado guatemaltecos, hondureños, salvadoreños. Esta banda criminal se globalizó, y por eso la solución a esta agresión seria que padecen nuestros países del narcotráfico tiene que ser regional, yo le llamo un Plan Mesoamericano de Seguridad y Justicia, contando con el apoyo y corresponsabilidad de Estados Unidos”.

Tras 15 años de ir reduciendo y debilitando al ejército guatemalteco, el espacio creado por la ausencia de las fuerzas armadas ha sido llenado por el crimen organizado y las bandas de delincuentes juveniles, las maras. La Policía Nacional Civil no ha contado con los medios, recursos y preparación suficientes para hacer frente a este reto, siendo además inundada por la la corrupción.

Un ejército debilitado

El ejército guatemalteco, que derrotó a la guerrilla sin el respaldo de Estados Unidos en los años 80, fue culpado, una vez llegada la paz (1996) de haber cometido un “genocidio”. Se la acusó de haber asesinado a 200 mil personas (otras cifras señalan que fueron no más de 40 mil) y debido a la presión internacional perdió en la mesa de negociación lo ganado durante el conflicto.

Los Acuerdos de Paz en 1996, que pusieron fin a 36 años de guerra civil, ordenaron la reducción del Ejército en un 33% (contaba entonces con 50,000 hombres). Pero esa reducción se profundizó en 2004 durante el gobierno de Óscar Berger quien decidió reducir el Ejército de Guatemala de 27 mil a quince mil quinientos hombres.

En todos estos años, desde 1996, la parte positiva fue el definitivo sometimiento del ejército al poder civil, como subraya Mario Mérida: “Para bien o para mal, el Ejército ha mantenido su obediencia a la civilidad, salvo las dos asonadas militares (1988/1989), más por cuestiones internas”. Desde 1970 se instauraron diversos regímenes militares que perduraron hasta 1986.

Entre lo negativo destacan las docenas de bases militares, incluyendo una en Alta Verapaz, que fueron cerradas. La reducción del presupuesto ha provocado que los soldados reciban un sueldo de apenas unos 150 dólares mensuales y tengan contratos temporales.

Como destacada el analista Pedro Trujillo de la Universidad Francisco Marroquín, “ el Presidente de la República determinó en junio de 2004 reducir los efectivos del Ejército de los aproximadamente 43.000 que permitían los Acuerdos de Paz (tras la reducción en aquel entonces del 33% de sus efectivos) a 15.500…lo más importante es que se redujeron efectivos que ya colaboraban en el patrullaje conjunto con la Policía Nacional Civil (PNC) y se desmantelaron bases, zonas y entidades militares que servían de apoyo a sistemas de información e inteligencia y otras que permitían organizar operaciones de lucha contra la violencia y el crimen organizado. La medida nada justificada ni entendida por los especialista del ramo (en Guatemala no existe una política pública de Seguridad y Defensa), tuvo que ser corregida un año mas tarde”.

Además, el ejército llegó a la presidencia Berger muy golpeado por los escándalos de corrupción en los que se vio envuelto durante el gobierno de Alfonso Portillo (2000-2004), actualmente en prisión por corrupción. Uno de sus ministros de la Defensa, Eduardo Arévalo Lacs está siendo juzgado actualmente por corrupción.

La reducción fue presentada como un gran éxito por el ejecutivo de Berger: “este es un hecho histórico y sin precedentes… se trata de un cambio en la existencia nacional…las medidas anunciadas… implican los cambios más significativos de las últimas décadas en las fuerzas armadas y superan la escala de reducciones realizadas tras la firma de la paz…valora este programa… especialmente al tomar en cuenta que la situación política y económica del país exige liberar recursos para atender otros temas prioritarios, tales como educación, salud y seguridad ciudadana’’.

Como Carlos Enríquez, antiguo coronel del ejército comentó a Infolatam “así como estamos, es como mandar a David a pelear contra Goliat pero con estas diferencias; Un David que ya conoce la historieta bíblica que no se parece en nada a lo que le tocará vivir, (sabe con quien se va a enfrentar) y sabe que su pueblo no entenderá la lucha ni su posible sacrificio, Un David que sabe que Goliat tiene un gran capital económico, influencias y motivaciones y muchos amigos incluyéndolos entre el pueblo de David, David también sabe que lo están usando como un posible chivo al que podrán inculpar, David no ignora ahora mil cosas, pero sobre todo sabe que el rey al que sirve y que lo está enviando a la lucha, le escondió la onda”.

La lucha contra los cárteles

Sin embargo, ya entonces algunos analistas alertaron del hueco que se creaba. El coronel retirado Mario Mérida declaró entonces a la AP que con este programa, “Guatemala pierde su capacidad de disuasión no solo ante conflictos armados, sino para enfrentar amenazas como el narcotráfico, que preocupa a Estados Unidos, el trasiego de armas, el terrorismo’’.

Trujillo añade que la reducción del Ejército tuvo componentes más político y de imagen internacional que puso de “manifiesto la ausencia de políticas públicas meditadas en relación con la seguridad y refleja gestos de improvisación política que no son entendidos por la ciudadanía que ve como la situación se agrava sin que las instituciones encargas de velar por la seguridad sean capaces de hacer frente al reto que se les presenta”.

Por estas razones, con el objetivo de revertir la disminución de la presencia militar en diferentes puntos del país, el Ministerio de Defensa tiene ya establecido el proyecto de ampliar de 16,700 a 21,000 el número de efectivos del Ejército.

El ministro Valenzuela considera que la medida se hace necesaria ante la reducción que han sufrido las Fuerzas Armadas desde 2004, pues la mayoría de acciones del narcotráfico se dan en los lugares en que fueron cerradas las brigadas.

Pero como apunta Pedro Trujillo, el ejército, que es según el Latinobarómetro una de las instituciones más valoradas en Guatemala “no está preparado para combatir a los cárteles porque no se ha transformado ni modernizado. El actual aumento de efectivos es solo un paliativo no una modernización”.

De hecho, el 90 por ciento de gasto se va en salarios y funcionamiento lo que ha impedido invertir recursos suficientes en la modernización. Pese a todo, es de las pocas instituciones con alcance realmente nacional como admitió en su día el portavoz militar, coronel Jorge Antonio Ortega Gaytán, “la tormenta Stan en 1997 nos puso a prueba. Fuimos la única estructura estatal que llegó a lugares recónditos”.

Ver nota en: http://www.infolatam.com/2011/01/30/el-ejercito-de-guatemala-de-paria-a-salvador/

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