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Colombia: Bandas, la gran amenaza

Por El Tiempo. Durante el 2010 realizaron más ataques contra la población civil que las Farc y el Eln juntos.

Las Bacrim se convirtieron en el principal factor generador de desplazamientos forzados en el país.

A sus 90 años, José Viloria pensó que ya estaba por encima de todas las violencias que azotaron a Córdoba y que no lograron sacarlo de su finca en una vereda de Montelíbano. Pero no contaba con las nuevas bandas.

El 6 de enero, los mismos hombres que acababan de matar a su hijo Graciliano asaltaron su rancho y le dispararon a quemarropa. La familia los llora hoy en un municipio cercano, en una casa donde se hacinan otros seis hogares desplazados.

Al otro lado del país, en Popayán, otra familia está de luto. “Vengan por ese perro”, les dijo una voz extraña por el mismo celular que usaba Cristian Castrillón para comunicarse con los suyos desde que se fue a trabajar con los ‘Rastrojos’. Él fue uno de los 19 muertos de esa banda en un combate con las Farc el 10 de febrero en Argelia, sur del Cauca. Tenía 20 años y dejó un huérfano que no ha cumplido los dos.

Son sólo dos casos de una larga lista de víctimas y victimarios de los grupos delincuenciales que surgieron en viejas zonas ‘paras’, y que ya supera el millar de personas muertas.

Controlan el 50% de la coca

De 32 grupos que había en el 2007 (el proceso de desmovilización de las Auc terminó en agosto del 2006), hoy quedan siete, pero con casi la misma cantidad de hombres: unos 5.000. Y los organismos de Inteligencia del Estado creen que sus guerras y pactos dejarán sobre el tablero a solo tres grandes actores, que podrían llegar a ser los nuevos megacarteles del país: ‘Rastrojos’, ‘Urabeños’ y Erpac, el ‘ejército’ del abatido alias ‘Cuchillo’.

En el 2010, por primera vez, las bandas criminales se convirtieron en el principal factor de desplazamiento forzado en el país: fueron responsables de 31 de los 58 episodios de violencia que obligaron a miles de colombianos a dejar sus hogares, según cifras de Acción Social. También intervinieron directamente en al menos 7 de cada 10 asesinatos en departamentos como Córdoba y Nariño.

En el 2010 realizaron más ataques contra la población civil que las Farc y el Eln combinados. Y ya controlan por lo menos la mitad de los cultivos de coca y la producción de cocaína, además de las principales rutas de salida de esa droga.

Esos datos, reportados por organismos oficiales, explican por qué cinco años después de que por primera vez se habló de ellas y tras más de 10.000 capturas y 1.100 bajas, las bandas son consideradas por Gobierno y analistas la gran amenaza para la seguridad del país.

“Estos grupos son hoy en día la principal amenaza para el Estado de Derecho y para la garantía de los derechos humanos”, dijo el jueves Christian Salazar, representante en Colombia de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

No en vano el Gobierno puso en marcha hace un mes la operación Troya, una versión antibandas de las operaciones conjuntas que acabaron con jefes de las Farc como ‘Reyes’ y ‘Jojoy’, decisión que corrige una instrucción que sacó, por casi dos años, al Ejército de la lucha frontal contra esos grupos.

El presidente Juan Manuel Santos le dijo a EL TIEMPO que estas bandas no son otra cosa que “grupos de crimen organizado” para los que “no cabe otro tratamiento que la aplicación rigurosa de la justicia ordinaria”. Y subrayó: “Si para que se sometan tenemos que usar a un intermediario, pues lo usamos”.

Hoy, en virtud de este fenómeno, hay casi un centenar de municipios que no han sentido la reducción de la violencia que sí se vio en la mayor parte de Colombia tras la desmovilización de las autodefensas.

Allá, como en los tiempos de los ‘paras’, sigue imperando la ley del silencio, hay barrios a los que policías y militares lo piensan dos veces antes de entrar y las familias prefieren dejarlo todo e irse como desplazadas, antes que morir en el fuego cruzado o exponer a sus hijos al reclutamiento forzado.

Los nuevos grupos no están, salvo en las zonas de más difícil acceso, ‘encuadrillados’ (con uniforme y fusil), sino en estructuras similares a los ‘combos’ de las comunas de Medellín. Eso hace más difícil capturarlos y, además, dispara su violencia, porque aunque cada banda le reporta a un ‘duro’, no tienen una estructura de mando jerarquizada.

“Mientras aseguren que su droga se puede mover en la zona, a los jefes no les importa mucho qué hagan”, dice una fuente.

Una de sus estrategias es tomarse casas en barrios populares, desde donde manejan narcotráfico, extorsión y sicariato. Así, no solo se abren espacio para reclutar muchachos -ofrecen moto, celular y ‘básico’ de 500 mil pesos-, sino que, a punta de plata e intimidaciones, consolidan ‘territorios’ con efectivas redes que les advierten de cualquier movimiento extraño.

En los municipios donde operan, la extorsión está disparada, bien por su propio accionar, bien porque otros delincuentes aprovechan el miedo que generan para pescar en río revuelto. Hasta los ‘minuteros’ (vendedores de llamadas por celular) les tienen que pagar ‘vacuna’.

Reporteros de EL TIEMPO recorrieron Córdoba, el Bajo Cauca, Meta, Guaviare, Urabá y la costa nariñense y palparon el miedo que, a bala, machete e incluso motosierra, han impuesto esos grupos para asegurarse el control del tráfico de drogas.

Encontraron corregimientos donde los pescadores no pueden salir después de las 5 de la tarde, porque desde esa hora el mar y los ríos son solo para las lanchas que van cargadas de cocaína e insumos; y que en Nariño, los ‘Rastrojos’ encontraron en el oleoducto Transandino, que saca el petróleo del Putumayo hasta el Pacífico, una lucrativa manera de obtener la gasolina que utilizan para ‘cocinar’ la pasta de coca: rompen el ‘tubo’ y refinan artesanalmente el crudo. Ecopetrol perdió 10 millones de dólares en el 2010 por esta causa.

La corrupción es otra de sus estrategias: ya van más de mil funcionarios, policías, fiscales y militares investigados o retirados por nexos con bandas. Y hay alertas sobre el riesgo de que terminen poniendo alcaldes y concejales en los comicios de octubre.

El excesivo garantismo del nuevo sistema penal juega en favor de los nuevos grupos: en todo el país hay casos de capturados que quedan libres o van a detención domiciliaria por errores en los arrestos o porque los jueces los consideran no peligrosos.

Han recibido golpes, pero…

Solo uno de los capos de las bandas de hace 5 años, ‘el Loco’ Barrera, sigue en el juego. La Policía capturó a ‘HH’, a ‘don Mario’ y a Miguel Ángel Mejía, y realizó operaciones que terminaron en la muerte de Víctor Manuel -el otro ‘Mellizo’- y de ‘Cuchillo’. Pero sus bandas siguieron adelante, en manos de otros ex ‘paras’.

Entre los retos más urgentes, coinciden fuentes de Inteligencia, está frenar la expansión de los ‘Rastrojos’, que nacieron en el Valle y ya están en una docena de departamentos, negociando franquicias con antiguos ‘paras’ y hasta con la guerrilla.

También, impedir que el Erpac consolide una expansión hacia la triple frontera con Brasil y Perú. Informes del DAS dan cuenta de la llegada de unos 250 hombres armados a los pueblos peruanos de Caballococha y Cuchillococha. Su misión: apoderarse de una ruta de cocaína que está hoy en manos de un narco peruano y que termina en Europa.

Ver nota en: http://www.eltiempo.com/justicia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-8934960.html

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