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“El ruido de las cosas al caer”, obsesión sobre el narcotráfico en Colombia

Por Agencia EFE. El destino de Juan Gabriel Vásquez estaba escrito al nacer en 1973, el mismo año en el que se creó la agencia antidrogas estadounidense (DEA).

Tiempo después el círculo entre los dos se cerró al escribir “El ruido de las cosas al caer”, radiografía de una generación atrapada en Colombia por el miedo al narcotráfico.

Y es que el miedo es precisamente uno de los hilos conductores de su obra, galardonada con el Premio Alfaguara de Novela 2011, y en la que el autor, quien reside hace 12 años en Barcelona, da rienda suelta a su obsesión: “entender en qué momento el narcotráfico jodió a Colombia”.

Quería saber “cómo fue que nos acostumbramos a pensar que podíamos convertirnos en víctimas, a tener incertidumbre, a dormir en casa de alguien que no conocíamos porque nos agarraba un toque de queda, a preguntar en dónde quedaban los teléfonos públicos y a cargar siempre una moneda en el bolsillo por si teníamos que llamar para decir que estábamos vivos”, confesó a Efe.

El proceso creativo llevó tiempo. “Inició cuando detestaba estudiar Derecho en la Universidad del Rosario y pasaba horas en la Casa de Poesía Silva, en el centro de Bogotá. Un día un hombre que estaba sentado frente a mí con sus audífonos puestos empezó a llorar de una manera que nunca había visto y me quedó la duda de qué era lo que estaba oyendo”.

Lo anterior “rondó mi mente de una forma impensable. Necesitaba saber qué estaba escuchando ese tipo, quién era, qué problema tenía y lo fui desarrollando como pude”, explicó.

Pero no fue hasta cuando leyó a mediados de 2009 la noticia sobre la caza de un hipopótamo que escapó de la mítica Hacienda Nápoles, icono del poderío y la excentricidad del narcotraficante Pablo Escobar, que Juan Gabriel tuvo claro qué tipo de novela estaba escribiendo.

En la búsqueda de respuestas, dijo Vásquez en entrevista con Efe, “narré una historia personal sobre aquellos que somos contemporáneos de los primeros vuelos con marihuana que salieron hacia los Estados Unidos y de la primera vez que el presidente estadounidense Richard Nixon habló de la guerra contra las drogas”.

En ese proceso “me remonté a los inicios del narcotráfico y, aunque soy un defensor de la legalización de la droga, no traté de sentar una posición política sino de determinar, a mi manera, que las mafias son una creación de la prohibición”.

Sin embargo, aclaró, “la mía no es una narconovela, sino una mirada de memoria que trata de convertir el asunto en una cuestión íntima sobre la manera en la que el narcotráfico condicionó la vida de la gente”.

Entonces le surgieron nuevas dudas. ¿Cómo suena un avión que se estrella, una relación amorosa que se desmorona, una vida que se extingue, un país que colapsa?

Las hipótesis que planteó son justamente las que “enriquecen la amistad frustrada entre el joven profesor Antonio Yammara y el piloto exconvicto Ricardo Laverde”, sostuvo.

Así, miedo y ruido, dos palabras claves en la novela que Vásquez presentará mañana en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, se fundieron para permitirle llegar a la conclusión de que “la desconfianza es la emoción que nos define como colombianos y que posibilita que la violencia pueda reencarnar con rapidez”.

Sin embargo, los miedos de Juan Gabriel Vásquez ya no son las bombas y los sicarios de la Colombia en la que creció y que retrata en “El ruido de las cosas al caer”, sino: “la vulnerabilidad de mis hijas y el terrorismo global”, aseguró.

Eso sí, en su cabeza no hay espacio para la “angustia literaria” que podría producirle el ser considerado por la crítica uno de los escritores latinoamericanos menores de 40 años más importantes del momento.

“Yo creo que uno de los privilegios del novelista es la irresponsabilidad en el sentido de decir lo que nadie más se atreve y abrir los ojos cuando los demás los están cerrando porque tenemos la excusa de que trabajamos la ficción y eso nos da cierta libertad y no pienso aceptar nada que la restrinja”, dijo.

De hecho, “no siento que tenga la responsabilidad de hablar bien de Colombia porque no soy ni embajador ni guía turístico. Lo que tengo que hacer es meter el dedo en la llaga y decir las cosas que pasan y lo voy a seguir haciendo hasta que entienda este país, ya que, a decir verdad, escribo sobre Colombia porque me obsesiona”, precisó.

Ver nota en: http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5j5nU0mU2hGh-Jyyg0H_H9xYw_Yhg?docId=1524341

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