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México en la década del crimen

Por John Bailey para El Universal. “El tema de la seguridad es el tema de la década 2010-2020 para América Latina, así como el tema del desempleo fue el de la década 2000-2010”, Marta Lagos y Lucía Dammert afirman esto en un importante artículo, “La seguridad ciudadana: el principal problema de América Latina”, que es fácil de encontrar en internet. Lagos es directora de Latinobarómetro, una organización líder en encuestas, y Dammert es una destacada especialista de la seguridad pública en América Latina. Ellas revisan los datos de opinión procedentes de 18 países de América Latina a partir de 1995 hasta el presente. Su punto central es que el problema de la delincuencia varía significativamente de un país a otro, pero la cuestión, sin embargo, domina la agenda en todos los países. “Se trata de una región ‘capturada’ por el clima de opinión de que el crimen, la delincuencia, se ha tomado la agenda informativa y domina las comunicaciones sociales”.

Un obstáculo fundamental para comprender la delincuencia es que los datos procedentes de fuentes oficiales son inexistentes o de muy mala calidad, lo que hace el seguimiento de los cambios a través del tiempo bastante peligroso, así como las comparaciones entre los países prácticamente imposible. Por ello tenemos que confiar en las encuestas de victimización, que tienen sus propios problemas. Latinobarómetro reporta los porcentajes de quienes dicen que ellos o algún miembro de su familia ha sido víctima de un delito en los últimos 12 meses. En la encuesta 2011, la tasa media de victimización por crimen de la región fue de 33%. México reportó la tasa más alta, 42%, seguido por Perú, con 40%.

Las autoras exploran importantes lagunas y relaciones complicadas. Por ejemplo, la violencia criminal es un problema mayor en unos países que en otros. Ecuador, por ejemplo, muestra una tasa de victimización de 32%, cerca de la media regional. Pero más de la mitad de los delitos denunciados en ese país implicó el uso de la violencia. Por otro lado, Brasil tiene una tasa de victimización similar a Ecuador, pero sólo 12% de los delitos denunciados poseían violencia ejercida. A este respecto, 27% de la delincuencia reportada en México implicó violencia, una tasa relativamente alta en la región.

Otro ejemplo: el homicidio se utiliza como representación estándar para la delincuencia en la comparación entre países, pero las tasas de homicidio no se correlacionan bien con otros tipos de delitos. Para citar dos ejemplos relevantes, Argentina tiene un bajo índice de homicidios (5.5 por 100 mil), pero un alto índice de víctimas (39%). En el otro extremo, la tasa de homicidios en Honduras es de 82.1 por 100 mil habitantes, pero su índice de victimización de la delincuencia está en la media para la región (36%).

Una complicación adicional es que la sensación de seguridad personal está relacionada con la victimización de la delincuencia de manera compleja. Los colombianos, por ejemplo, reportan el más alto nivel de seguridad (77%), aunque su tasa de criminalidad sigue siendo alta. La razón más probable es que los colombianos perciben que la tasa de criminalidad está disminuyendo. Lo opuesto es válido para los costarricenses. Su baja tasa de criminalidad está fuera de proporción con el alto nivel de inseguridad reportado. La posible razón de ello es su percepción de que la delincuencia va en aumento. México está por encima del promedio regional en términos de seguridad personal reportados, lo que resulta sorprendente en el actual clima de violencia criminal.

También sabemos que la sensación de seguridad personal se relaciona con la percepción de la confianza que tienen los ciudadanos en las instituciones que se supone deben protegerlos, principalmente la policía y el sistema de justicia. Por ello, la encuesta preguntó “¿qué posibilidades hay aquí de sobornar a policías?”; con 55% de respuestas positivas, México está considerablemente encima del promedio regional, que se fija en 44%, un factor que podría explicar parte de la percepción de inseguridad.

Sólo puedo aludir brevemente a algunos de los muchos temas que presentan Lagos y Dammert. Un punto importante a destacar es que los gobiernos deben dar mucha más y mejor información sobre las tendencias en la delincuencia y sobre la capacidad institucional para controlar la criminalidad. En la ausencia de buena información, la percepción de los ciudadanos se forma por la cobertura de los medios de comunicación, que tiende a enfatizar lo inusual y lo negativo. Un segundo punto a destacar es que toda la región es capturada por el clima de opinión de que el crimen domina la agenda pública. Tengo la sensación, sin embargo, de que un país no puede comprender sus problemas mirándose sólo a sí mismo. Se obtiene una idea más clara de su situación a través de comparaciones con otras naciones.

Ver nota en: http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2012/06/58780.php

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