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El mundo debe saber que el colombiano no es violento ni criminal por naturaleza

Por Jorge Consuegra para El Espectador.

Leer Víctima de la globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia de James F. Henderson (Siglo del Hombre Editores) me produjo un profundo dolor en el alma del que hasta ahora estoy tratando de reponerme. Cada página era un continuo martirio, era como continuar usando el silicio para hacer sangrar la idea que tengo sobre mi país.

Muchas veces quise cerrar el libro, pero me atormentaba hacerlo, por eso tercamente continuaba.

Vean este fragmento: “Surgió la idea de (Álvaro) Uribe de extraditar a los líderes paramilitares a pesar de la promesa inicial que les hizo de abstenerse de hacerlo.

En mayo del 2008 Uribe, en efecto, extraditó a los líderes de la AUC –para satisfacción de la mayoría de los colombianos-. A cierto nivel, la decisión fue una respuesta al escándalo de la parapolítica que se desató buena parte del segundo periodo presidencial de Uribe, como consecuencia del cual 33 miembros del Congreso terminaron en la cárcel.

El escándalo aumentó el temor de que los vínculos de los políticos con los líderes paramilitares hubieran deslegitimado el proceso democrático del país. Sin embargo, es posible que nada de esto hubiera motivado a Uribe a actuar contrariamente a lo que había prometido a los líderes de la AUC, a no ser por la insistencia de EUA, a comienzos del 2008, de que se los extraditara para que fueran juzgados por acusaciones de tráfico de drogas”…

Este libro me dejó literalmente en el suelo, como si hubiera recibido un gancho directo a la mandíbula y me hubiera dejado fuera de combate después del conteo de los diez segundos…
“Hablé” con Henderson, y el resultado fue el siguiente:

– ¿Por qué escribir sobre la historia del narcotráfico en Colombia?

– Colombia es el país americano (si no en el mundo), que más ha sufrido el impacto de este negocio ilegal y violento. Por consiguiente esta historia debe ser conocida; Colombia da el ejemplo para sus Repúblicas hermanas de cómo un país latinoamericano puede atacar con éxito el sin número de males que surgen de este negocio trasnacional y eminentemente violento; porque el mundo debe entender cómo llegó Colombia a ser víctima del narcotráfico: como un país (todavía en estado de recuperación después de la Violencia de 1947-1965) entró, por invitación de un poderoso y rico vecino, en el negocio ilegal de la droga, así sufriendo una Segunda Violencia, la cual al fin y al cabo duró más de tres décadas, dejando traumatizado al pueblo colombiano una segunda vez más en espacio de solo medio siglo: es una tragedia nacional que el mundo debe entender; para que el mundo, en especial los países no ricos y no poderosos, se aprovechen del ejemplo de un país no muy poblado y no muy rico, pueblo que a través de muchos años, y muchas dificultades, y mucho sufrimiento, logró salir de esta Segunda Violencia, que vean un país y un pueblo que se fortalecían, bajo el patrón democrático, con el fin explícito de atacar eficazmente las fuerzas antisociales que se nutrían de los abundantes dineros del narcotráfico; para que los demás países latinoamericanos ya sufriendo de los malos efectos del narcotráfico puedan enterarse de la importancia de la ayuda bilateral Colombia-EUA en la eficaz campaña colombiana pos 2002-es decir, que el país consumador tiene la responsabilidad de ayudar al país productor en confrontar este flagelo internacional- o, sea, que su propia respuesta debe ser colaborativa y multinacional; porque yo viví esta etapa difícil de la vida colombiana: llegué a Colombia en 1966.

Entre 1966 y 1975, miembros de mi familia y yo, nos aprovechamos del ambiente de un país en paz; y porque entre 1981 y el presente año, durante de los cuales pasé otros cinco años en total en Colombia (es decir, a lo largo de aquellos treinta y un años), años cuando observaba y vivía, con miembros de mi extensa familia, lo que se cuenta en el libro*; para que el mundo sepa que el colombiano no es violento ni criminal por naturaleza, y que su país no está condenado a una violencia perpetua; porque llevo más de cuarenta años de escribir sobre Colombia (ya se había publicado mi estudio anterior más reciente, en 2006 (La modernización en Colombia, Editorial Universidad de Antioquia); entonces como es lo que hago, y con tiempo disponible de hacerlo, escribí el libro**; porque representa el compromiso que tengo con Colombia, que es dedicarme a contar su historia para el mundo y para el pueblo colombiano mismo.

– ¿Cuándo le surgió la idea de hacerlo?

– Después del 2002, cuando resultó ser claro que el pueblo colombiano había tomado la decisión de actuar con vigor frente el sin número de males que lo afligía.

– ¿Cuál fue la mayor dificultad en el proceso de estructuración del libro?

– No me presentó ninguna dificultad en estructurarlo; la estructura está manifiesta en los hechos mismos.

– ¿Cuánto se demoró en la verificación y redacción del mismo?

– Inicié el estudio por allí en el 2004. Como trabajo en la enseñanza universitaria tiempo complete, se disponía inicialmente de solo los tres meses que separan los años académicos. Fuera de eso, tuve la buena suerte de pasar de casi dos años enteros en trabajo intensivo sobre el proyecto 2007-2009, aprovechando un año sabático y otro medio año de licencia, sin sueldo.

– ¿Cuál fue el objetivo del libro?

– Colocar todo el proceso del narcotráfico en Colombia, en especial su impacto nocivo sobre el país y su gente, dentro de un marco que captara su esencia histórica frente al país y el mundo.

– ¿Era también el interés de poner a reflexionar los colombianos sobre este hecho?

– Por supuesto. Lo que pasa es que todo referente a Colombia es difícil de captar y de entender, tanto para extranjeros como para los colombianos mismos. Por eso es necesario que haya buenos estudios que facilitan tal reflexión.

– ¿Resultó doloroso contar una verdad tan de a puño?

– ¡Como no! Al iniciar el estudio, sobre un proceso que yo había, en cierta manera, vivido en Colombia, me quedé boca abierta ante los hechos que rodearon al fenómeno. Pasa lo mismo, creo, en todos los países. Es decir, existen condiciones y hechos que no apreciamos suficientemente debido a nuestros quehaceres diarios. Muchas veces son cosas tristes, lamentables -y a veces horrorosas, como en el caso del narcotráfico en Colombia-. Es por eso que el estudio histórico es valioso, para que todo el mundo sepa de cosas importantes tanto como controvertidas.

Un buen ejemplo de eso dentro del marco colombiano, es el libro La Violencia en Colombia, de Monseñor Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña L. Se publicó en 1964 y desató mucha polémica en el país. Es que el pueblo Colombia en realidad no sabía mucho de la Violencia de 1947-1965 antes de la publicación del libro, a pesar de que la había vivido. El desenlace fue un torrente de estudios académicos sobre el fenómeno -entre ellos mi libro Cuando Colombia se desangró. Referente a su pregunta, sí, es bastante doloroso, cuando no horroroso.

– ¿Cree que Colombia pone los muertos y la mala prensa mientras los consumidores se “divierten”?

– Claro. Hasta cierto punto, sí.

Ver nota completa: http://www.elespectador.com/entretenimiento/libros/articulo-348111-elmundo-debe-saber-el-colombiano-no-violento-ni-criminal-nat

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