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mafiaandco ha escrito 2010 entradas para Mafia&Co.

La experiencia violenta de Río de Janeiro (realidad y ficción)

Por Revista Nexos. Hace unos días salió en el Financial Times un largo y muy completo reportaje sobre los logros de la estrategia de seguridad que ha implementado el gobierno estatal de Río de Janeiro en la ciudad de Río y en particular en las colonias de más bajos ingresos conocidas comofavelas. La motivación principal del gobierno es la presión que están sintiendo no sólo del resto del país por los altos ínidces de violencia en las últimas décadas en la ciudad, sino por tener los ojos del mundo encima gracias a la Olimpiada que se llevará a cabo en el 2016. La estrategia de seguridad se conoce como UPP (unidades de pacificación) y tiene dos componentes, uno “represivo” y otro “social y de servicios”. El éxito según el reportaje ha sido impresionante en términos de la caída de la tasa de homicidios:

“…en aquellas áreas donde las UPP se han implementado (aunque sólo cubren una quinta parte de los habitantes de todas las favelas), la tasa de homicidios ha caído un asombroso 80%. El objetivo de expulsar los grandes arsenales de los capos del narco parece estar funcionando y es tremendamente popular, tanto dentro como afuera de las favelas. En particular las madres de hombres adolescentes (quienes solían sufrir las más altas tasas de muertes en las favelas) pueden respirar con más calma cuando sus hijos salen a jugar.”

Para darse una idea de las condiciones de violencia en las favelas de Río y el papel de la policía vale la pena leer el reporte  (aquí el resumen en español) de Human Rights Watch sobre las ejecuciones extrajudiciales  llevadas a cabo por la policía y el ejército de manera regular. También el documental hecho por la televisora inglesa Channel 4 “Bailando con el diablo (Dancing with the devil)” muestra los errores y horrores que las estrategias de seguridad de los gobiernos de Río habían provocado durante años. El documental es muy impresionante en términos de acceso pues sigue a un “jefe de plaza” de una organización criminal, a un policía, y a un pastor que quiere pacificar las colonias.

Otro documental, el cual está en línea sólo en portugués sin subtítulos, es sobre los niños que trabajan como lo que en México conocemos como “halcones”, “Falcão – Meninos do Tráfico” (aquí un pedazo con subtítulos en inglés) hecho por un rapero proveniente de una favela quien quiere dar a conocer las historias y cortas vidas de estos niños.

La complejidad del tráfico y venta de drogas en zonas urbanas de Río ha sido también ficcionalizada en películas como Ciudad de Dios (2002) desde la perspectiva de los criminales, y Tropa de Élite 1 (2007) y Tropa de Élite 2 (2010) desde la perspectiva de la policía militarizada de Río. Desde una perspectiva académica hay un buen resumen en el libro Mafia & Co. (páginas 60 a 82) de Juan Carlos Garzón.

Ver nota completa en: http://redaccion.nexos.com.mx/?p=4406

 

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México: Epidemias de violencia

Por Eduardo Guerrero para Nexos. La multiplicación y dispersión geográfica de las crisis locales de violencia —que aparecieron en municipios como Chihuahua, Ciudad Juárez, Culiacán y Tijuana en 2008, y después continuaron propagándose a ciudades como Monterrey, Acapulco y Guadalajara hasta 2011— se perfilan hoy como la principal amenaza a la seguridad pública. Sin embargo, el gobierno federal desestimó en su momento el riesgo que suponía el incremento de la violencia en varios lugares del país cuando implementó su política de combate frontal al crimen organizado.

En repetidas ocasiones funcionarios y asesores de primer nivel del gobierno federal desdeñaron eventos de alta violencia con el argumento de que quienes morían eran, en su gran mayoría, criminales. Algunos actores llegaron a sugerir incluso que el aumento de la violencia era un indicador de éxito de la estrategia. Por ejemplo, Joaquín Villalobos, asesor presidencial en materia de seguridad, señaló en 2010 que “la mayor parte de las bajas de los delincuentes resultan del proceso de autodestrucción de los cárteles, que se profundiza cuando el Estado los confronta. En este tipo de guerra esto es un progreso”.1

El gobierno federal impulsó una estrategia de captura de capos que, como he documentado en otros textos, contribuyó a detonar crisis de violencia en varias regiones del país. Perseverar en dicha estrategia sin tomar medidas encaminadas a contener el aumento de la violencia fue irresponsable. El carácter contagioso de la violencia no es ninguna novedad. Como lo describo en este artículo, y como lo demuestran numerosas experiencias en México y otros países, los estallidos de violencia tienden a expandirse y perpetuarse cuando no se contienen oportunamente.

Hasta hace poco el gobierno mexicano pretendía minimizar la magnitud de la crisis de seguridad al señalar con insistencia que la violencia estaba acotada geográficamente. De forma engañosa nos decía que 70% de las muertes vinculadas con el crimen organizado se concentraba en 4% de los municipios (cuando en ese bajo número de municipios vive más de la tercera parte de los mexicanos).

En cualquier caso, hoy ya no es posible sostener bajo ningún criterio que la violencia del crimen organizado está confinada a unos pocos rincones del país. Desde fines de 2009 se aceleró la dispersión geográfica de la violencia, que hasta entonces se había concentrado, esencialmente, en seis estados (Baja California, Chihuahua, Durango, Guerrero, Michoacán y Sinaloa). Dos de los casos más dramáticos fueron Nuevo León y Tamaulipas, que en pocos meses transitaron de entidades en relativa calma a estados en los que se libraban las batallas criminales más cruentas del país. Y hubo más casos. En 2010 la región centro occidente, de forma particular Nayarit, registró un incremento dramático en los niveles de ejecuciones. En 2011 uno de los casos más notorios fue Veracruz, aunque en otros puntos del país también se observaron preocupantes escalamientos de la violencia. Como lo sugiere la evidencia, la violencia y la inseguridad parecen seguir un patrón de crecimiento similar al de las enfermedades contagiosas.

Cuando los grandes brotes de violencia se analizan empíricamente a través de métodos similares a los que se utilizan en el sector salud para detectar epidemias biológicas (principalmente con el propósito de llevar a cabo campañas de vacunación oportunas). Una de las metodologías más comunes utilizadas para detectar epidemias biológicas es el análisis de la frecuencia de casos. Por ejemplo, en 2009 la pandemia por el virus AH1N1 se declaró después de que se detectó un número atípico de pacientes con problemas respiratorios.

Las metodologías para detectar epidemias en el sector salud ya han sido adaptadas para analizar la violencia y otras “epidemias sociales” que parecen seguir patrones de contagio similares a los de algunas enfermedades. Por ejemplo, se han desarrollado modelos para establecer la probabilidad de que ocurran disturbios en eventos masivos, tomando parámetros como el número de personas en el evento, el número de individuos violentos, y el grado de intoxicación por consumo de alcohol. Sin embargo, no tengo conocimiento de que hasta ahora se hayan desarrollado modelos para detectar epidemias de violencia en ámbitos más amplios.

En la siguiente sección describo los resultados que arroja una metodología sencilla de análisis de frecuencias para establecer las alertas de 10 epidemias de violencia, con base en datos de ejecuciones en municipios y zonas metropolitanas de México. En este análisis identifico una alerta epidémica (identificada con una ancha barra vertical) siempre que en un municipio o zona metropolitana, en la que se registraron al menos 50 ejecuciones en los 12 meses previos, se observa un aumento estadísticamente significativo en el número de ejecuciones durante dos meses consecutivos.2

Ver artículo completo: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2102772

Candidates in Mexico Signal a New Tack in the Drug War

By Randal C. Archibold and Damien Cave for The New York Times. The top three contenders for Mexico’s presidency have all promised a major shift in the country’s drug war strategy, placing a higher priority on reducing the violence in Mexico than on using arrests and seizures to block the flow of drugs to the United States.

The candidates, while vowing to continue to fight drug trafficking, say they intend to eventually withdraw the Mexican Army from the drug fight. They are concerned that it has proved unfit for police work and has contributed to the high death toll, which has exceeded 50,000 since the departing president, Felipe Calderón, made the military a cornerstone of his battle against drug traffickers more than five years ago.

The front-runner, Enrique Peña Nieto, does not emphasize stopping drug shipments or capturing drug kingpins as he enters the final weeks of campaigning for the July 1 election. Lately he has suggested that while Mexico should continue to work with the United States government against organized crime, it should not “subordinate to the strategies of other countries.”

“The task of the state, what should be its priority from my point of view, and what I have called for in this campaign, is to reduce the levels of violence,” he said in an interview.

United States officials have been careful not to publicly weigh in on the race or the prospect of a changed strategy, for fear of being accused of meddling. One senior Obama administration official said on Friday that Mr. Peña Nieto’s demand that the United States respect Mexican priorities “is a sound bite he is using for obvious political purposes.” In private meetings, the official said, “what we basically get is that he fully appreciates and understands that if/when he wins, he is going to keep working with us.”

Still, the potential shift, reflecting the thinking of a growing number of crime researchers, has raised concern among some American policy makers. “Will there be a situation where the next president just turns a blind eye to the cartels, ceding Mexico to the cartels, or will they be a willing partner with the United States to combat them?” Representative Ben Quayle, an Arizona Republican, asked at a hearing this month in Phoenix. “I hope it’s the latter.”

The two other principal candidates, Andrés Manuel López Obrador, who narrowly lost the race in 2006 and is gaining in polls, and Josefina Vázquez Mota of the incumbent National Action Party, have joined Mr. Peña Nieto in promising to make it their priority to reduce the body count, which has spiraled out of control during Mr. Calderón’s six-year tenure.

“Results will be measured not by how many criminals are captured, but by how stable and secure the communities are,” Ms. Vázquez Mota wrote on her campaign Web site.

Mr. López Obrador — whose security strategy is called “Abrazos, no balazos,” or “Hugs, not bullets” — has criticized how United States officials have approached securing Mexico. “They should send us cheap credit, not military helicopters,” he said.

Mr. Calderón, who is constitutionally limited to one term, used the army more aggressively in fighting drugs than any previous Mexican leader, overshadowing his attempts to improve Mexican institutions. All three candidates vow on the stump to devote more attention to programs that address the social inequality that leads young people to join criminal groups.

The candidates promise to continue fortifying the federal police, and Mr. Peña Nieto has called for adding a “gendarmerie” paramilitary unit for the most violent, rural areas where policing is especially lacking. But they eschew Mr. Calderón’s talk of dismantling the cartels and promising big seizures, and only when pressed in an interview did Mr. Peña Nieto suggest that capturing the most-wanted kingpin, Joaquín Guzmán, known as El Chapo, would be a goal.

As the candidate of the Institutional Revolutionary Party, or the PRI, Mr. Peña Nieto is the source of much of the American worry. The PRI ran Mexico for 71 years, until 2000, with authoritarianism, corruption and, critics say, a wink and nod to drug traffickers. Indeed, Mr. Peña Nieto’s comfortable lead in the polls has shrunk after opponents warned, among other charges, that he and his party would make deals with the cartels for peace.

Mr. Peña Nieto, 45, insisted in an interview that he was a fresh face representing a new democratic era for the party — going as far as to say he has never tried any illicit drug. But he nevertheless defended the PRI, saying the other parties have had their share of bad apples and suggesting that the return of the party would be another sign of Mexico’s maturing democracy.

“I come from a party with a great history,” he said. “It is singled out more for its mistakes and errors than its achievements,” like poverty reduction and social programs.

Mexican analysts say the candidates are responding to growing public frustration with the current antidrug approach. Mr. Calderón has long portrayed the violence, much of it cartel infighting, as a sign that traffickers are on their heels, an idea that has lost resonance with the public.

Read more: http://www.nytimes.com/2012/06/11/world/americas/us-braces-for-mexican-shift-in-drug-war-focus.html?_r=1&ref=americas

México: Suben 117% indagatorias de plagios en el país

Por Marcos Meduano para El Universal. El número de averiguaciones previas relacionadas con el delito de secuestro que inició la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) y las procuradurías de las 32 entidades federativas, se incrementó 117% en los últimos cinco años, al pasar de 496 indagatorias en 2007, a mil 78 en 2011.

Según los datos del Sistema Institucional de Información Estadística (SIIE), durante este periodo se abrieron 3 mil 792 indagatorias. En 2007 se iniciaron 496; en 2008, 712; en 2009, 740; en el año 2010, 766; y en 2011, mil 78.

Los datos que incluyen las indagatorias de los estados y la SIEDO refieren que a nivel estatal se tramitaron dos mil 27 investigaciones. De ellas, los estados de Tamaulipas con 375; Veracruz, 163; Coahuila, 135; Zacatecas, 130; Michoacán, 128; Durango, 127; Distrito Federal, 114; Estado de México, 87; Guerrero, 66; Chiapas, 64; y Nuevo León con 59, reportan mayor incidencia.

Por su parte la SIEDO reportó que tramitó mil 765 averiguaciones, sin embargo, se desconoce en qué estados ocurrió.

Los datos que refiere la dependencia federal indican que en el año 2007 se iniciaron 319 averiguaciones; en 2008, 350; en 2009, 337; en 2010, 282, y 477 en 2011.

Ver nota completa: http://www.eluniversal.com.mx/nacion/197384.html

“Los Zetas han cambiado las reglas del narcotráfico en México”: Grillo

Por Manu Ureste para Animal Político. Mientras paladeo acodado en la barra del bar el último sorbo de café amargo en espera a que el periodista Ioan Grillo (Brighton, Reino Unido) se desocupe de una de las extenuantes entrevistas que tendrá hoy a lo largo del día, saco de la bolsa el ejemplar que me facilitó Editorial Urano de “El Narco. En el corazón de la insurgencia criminal mexicana”, lo pongo sobre la mesa con cuidado de no mancharlo con los restos de café torpemente derramado, y admiro por unos instantes la poderosa tapa roja que tengo frente a mí, en la que una folclórica calavera formada a base de pistolas, fusiles de asalto y los tristemente populares cuernos de chivo, me estudia con detenimiento. No me voy muy lejosa la página 16. Allí, la noche anterior subrayé con lápiz lo siguiente: ”Aprendes torturas, sí, muchas. Ciertamente gozaba uno haciéndolo. Nos reíamos del dolor de las personas, de las formas que las torturamos. Brazos cortados, decapitaciones. Esa es la más fuerte verdad. Decapitas a alguien sin sentir ningún sentimiento, ningún temor”.

Las palabras de Gonzalo, un ex policía reconvertido a sicario al que Grillo entrevistó como parte de diez años de investigación recorriendo la violenta geografía mexicana, me hace tragar saliva y moverme incómodo en la silla. Es el testimonio crudo de la violencia que vive México, anoto en la libreta. Un país que, de acuerdo con la tesis principal del libro de este experimentado periodista que ha escrito del fenómeno para múltiples medios internacionales como Time Magazine, CNN, Associated Press, o Reuters, está inmerso en una sangrienta “insurgencia criminal armada”, a pesar de que “hablar de insurgencias, guerras y Estados fallidos produce escalofríos a los funcionarios que buscan dólares del turismo” y las inversiones extranjeras. ”Un día el presidente Calderón se pone el uniforme militar y dice que no habrá cuartel contra los enemigos de la patria y al siguiente asegura que no, que es un problema que hay en unos pequeños municipios. Es decir, hay mucha confusión en el discurso político sobre lo que está pasando“, me dice Grillo ya sentado frente a mí y con los ojos azules muy abiertos en esta entrevista para Animal Político. “Pero si ves el desarrollo del narcotráfico y cómo ha ido cambiando en los últimos diez o doce años -hace una pausa para dar un ligero sorbo al café mientras la calavera de pistolas nos observa ahora a los dos con curiosidad- está claro que este problema no se puede ver solamente en términos de mafia y pandilleros. En México estamos ante una guerra de baja intensidad”. 

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PREGUNTA: ¿Qué va a encontrar el lector en tu libro ‘El narco. En el corazón de la insurgencia criminal mexicana’?

RESPUESTA: En el libro se hace un retrato lo más completo posible del narcotráfico en México, desde sus raíces a comienzos del siglo XX hasta la actual ‘Guerra’ que lleva 60 mil víctimas. Asimismo, expongo la anatomía del sicariato y del negocio de las drogas a través de un análisis de la llamada ‘cultura-narco’ (narcocorridos, el fenómeno en el cine, la música, la forma de vestir); de la cuestión religiosa, y de los grupos armados y las tácticas que éstos emplean para pelear con rivales y con las fuerzas del Estado. Se trata, en definitiva, de una obra con la que no estoy buscando chocar con los cárteles de la droga, o con las autoridades. Lo que intento hacer es un análisis profundo del problema, buscarle sentido al conflicto y soluciones a largo plazo.

P. El subtítulo en la portada de tu libro dice ‘En el corazón de la insurgencia criminal mexicana’. ¿Realmente hay una insurgencia, tipo guerrilla, en México?

R. Cuando llegué hace once años a México, a los sicarios se les llamaba gatilleros. Es decir, eran pandilleros de oficio, y mucho de ellos eran chicanos importados de Estados Unidos. Sin embargo, hoy ya hablamos de grupos de estilo paramilitar; de grupos de 50 personas armados con ametralladoras AK-47, armas largas, lanza granadas, y un nivel de violencia que está dejando masacres y fosas comunes con cientos de cadáveres, un gran número de refugiados que huyen de estos grupos, y feroces ataques contra las autoridades de seguridad que, año con año, están perdiendo miles de efectivos.

Entonces, si ves el desarrollo del narcotráfico en México y cómo ha ido cambiando en los últimos diez o doce años, está claro que este problema no se puede ver solamente en términos de mafia, como Al Capone. Porque si estudias la mafia italiana, nunca verás este nivel de violencia. Además, decir que lo que hoy pasa en México es un asunto sólo de mafias, es minimizar el problema. Ten en cuenta que Al Capone, en su peor masacre, mató a siete personas. Aquí, los Zetas mataron a 72 de una sola vez. Por eso, hay que buscar otros términos para definir el problema y buscar una solución.

P. Y propones al respecto el término de insurgencia armada…

R. Así es. Aunque cuando se habla de insurgencia criminal es cierto que los políticos se confunden y no aciertan a usar un lenguaje para describir el conflicto. Por ejemplo, el presidente Felipe Calderón un día se pone el uniforme militar y dice que no habrá cuartel contra los enemigos de la patria y otro día dice que es un problema que hay en unos pequeños municipios. Otro ejemplo: en Estados Unidos de repente viene Hillary Clinton y en su primera visita a México y asegura que esto es un problema de pandilleros, como vivieron en el Bronx en los años 70, y luego allí dicen que aquí hay coches bomba y una insurgencia como en Colombia. Es decir, hay mucha confusión en el discurso político sobre lo que está pasando, por eso hay que ver que realmente se trata de un problema de ‘guerra de baja intensidad’; estamos ante un nuevo tipo de conflicto al que tenemos que enfrentar.

P. ¿A qué te refieres exactamente cuando afirmas que en México hay una insurgencia criminal?

R. El concepto de insurgencia criminal se refiere a la existencia de grupos que usan tácticas de guerrilla pero sin una ideología, sin un programa. Tan solo tienen intereses comerciales o criminales.

P. En las páginas de tu libro aseguras que “hablar de insurgencia provoca escalofríos a los políticos y funcionarios” de México. ¿Por qué ese rechazo frontal a esta posibilidad? 

R. Primero, porque el término de insurgencia es algo muy sensible en México. Ten en cuenta que los insurgentes fueron los héroes de la patria y, claro, ¿cómo se puede comparar a los narcotraficantes, que son unos demonios, con los ídolos nacionales? En cambio, en Estados Unidos es al contrario: los insurgentes son los malos que pelean contra sus marines en Afganistán o Irak, por eso para el estadounidense es más fácil hablar de insurgencia.

Además, los políticos de aquí perciben que si se empieza a hablar de insurgencia va a ser peor de cara al exterior para la ‘marca México’, la cual ha sido brutalmente golpeada por este problema, lo que a su vez también ha provocado una fuerte crítica del Gobierno hacia los medios internacionales por cómo tratamos este asunto. Y aunque es cierto que, a veces, sí hay maltrato y periodismo amarillista, realmente los hechos hablan por sí solos.

P. ¿Cuál es la responsabilidad de Estados Unidos en la situación actual de la guerra contra el narco? En México se reprocha frecuentemente a Washington que de este lado se ponen los muertos mientras ellos consumen la marihuana…

R. Estados Unidos tiene una responsabilidad enorme en el narcotráfico. Pero, en mi opinión, todos los países deberían trabajar juntos en este tema, ya que es una cuestión totalmente internacional. Es decir, no puede verse sólo como una cuestión interna de un país en concreto, porque los grupos criminales son internacionales.

Ahora bien, Estados Unidos ha demostrado que tampoco tiene una táctica muy clara sobre el combate a las drogas en México. El Plan Mérida no ha sido exitoso porque ha apoyado al gobierno de Calderón, el cual ha fracasado en su táctica. Porque, ¿quién puede decir que ha tenido éxito? Tal vez, podemos decir que ha dado resultados en cuanto a la captura y muerte de capos de la droga, ¿pero quién puede decir que México es hoy más seguro que en el año 2006? Sería francamente muy difícil argumentar esta cuestión.

Ver nota completa: http://www.animalpolitico.com/2012/06/los-zetas-han-cambiado-las-reglas-del-narcotrafico-en-mexico/

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